lunes, 15 de enero de 2018

Melodía


En la gruta húmeda de tus labios, penetro con un beso

Allí, la llave de las estancias de pasiones desatadas.
Mis labios, van dejando un rastro de amor por cada lunar y señal de tu piel
Añoro el instante de tu boca en mi cintura, antes de resbalar por mi vientre
Vibra mi ser con el contacto del salado sudor de tu cuerpo excitado
La melodía de un instante aflora a las caricias de tus dedos
Y el vehemente mar baña la orilla de los lugares sagrados.



Sakkarah

Atención



Vivimos en un mundo en el que es prácticamente imposible prestar atención a algo, una sola cosa, por vez. En ese sentido, es el momento más difícil de la historia de la humanidad. Y lo único que puedo decir es que la atención es un músculo de la mente y que, como tal, se puede ejercitar con el fin de fortalecerlo.


Daniel Goleman

Aire...




Acabo de bajar de mis tacones

Pierdo la visión que me daba la altura del corazón 

Me hago aire, aire que deambula sin parada.

La ruina de la ilusión también tiene su belleza 

Soy lluvia que ha absorbido el sol.

Un caballo imaginario me aleja al galope del sentimiento

Libre, disiparé las emociones.


Sakkarah

domingo, 14 de enero de 2018

Sin ver...



Rompo la oscuridad para seguir sin ver. El horizonte es como un ojo ciego que está en todas partes, lejano, intransitable…

En la orilla de la sima escucho tu voz. Sólo es la memoria de tus letras, y un tono de sueños que tiene un eco imposible.

No bastan mis ojos para contenerte, ser esquivo, que presiento no voy a alcanzar. En un pentagrama musical te enredas, y a mis cuerdas siempre quedaste inalcanzable.



Sakkarah

La majestad hasta en el retrete.



Hubo un tiempo en que los monarcas europeos, por pertenecer sus personas al Estado, carecían de toda privacidad. Las jornadas de un rey eran públicas desde el despertar hasta el acostar y ni siquiera se hacía un receso para que pudiera aliviarse en privado. No podemos encontrar mejor ejemplo entre los reyes del Antiguo Régimen que el de Luis XIV, el rey solar por excelencia.

Si el rey necesitaba miccionar o defecar, lo hacía en público y había quien se ocupaba de pasarle el algodón por la raja de las posaderas. Se aprovechaba incluso esa necesidad tan humana para conceder audiencias, fuesen a familiares, cortesanos solicitantes o embajadores extranjeros, y se consideraba ese gesto como algo impagable y del mayor honor.

Luis XIV era rey hasta sentado en su silla-retrete. Y si repasamos algunos episodios de la Historia de Francia, descubrimos que esa escatológica costumbre ya venía de lejos... ; un predecesor de Luis XIV, el rey Enrique III, se encontraba sentado en el retrete cuando el fatídico 1 de agosto de 1589, a las siete de la mañana, recién levantado y aún por vestirse, recibió en audiencia al monje que le asestó una ponzoñosa puñalada en el bajo vientre.

Pasaba con frecuencia que, en el curso de las largas audiencias y paseos reales, algún que otro cortesano sintiera la apremiante urgencia de hacer sus necesidades sin poder ausentarse del evento. Existen, al respecto, no pocas anécdotas escatológicas de personalidades que tuvieron que aliviarse entre los demás o aprovechar un batiente de una puerta para desahogarse "privadamente" en un abrir y cerrar de ojos.

Versalles no olía precisamente a ámbar pese a los cargantes perfumes de las damas y caballeros y a los quemadores de inciensos, por lo que no era de extrañar que a Luis XIV le obsesionara tener todas las ventanas abiertas para que circulara el aire fresco. Incluso su cuñada, la Princesa Palatina, se quejó en su correspondencia de que el Palais-Royal (su residencia parisina), apestaba tanto a orines que le era imposible convivir con aquel hedor tan penetrante, y en otra carta se lamentaba tener que cagar en los jardines de Fontainebleau a la vista de todos porque no tenía en sus aposentos ningún cubículo que le sirviera de retrete. La magnificencia tenía su precio...


Fuente: http://retratosdelahistoria.blogspot.com.es

Mi corazón entregado al caos...

sábado, 13 de enero de 2018

Fantasía


La fantasía de tu amor me lleva al placer

En mi mano todo el peso de tu palabra, tu caricia.
Solo la piel desnuda en el ritual del amor
El milagro ardiente y húmedo del sentimiento
En cada rincón oculto de mi ser, tu beso
Mientras un escalofrío recorre mi talle,
Se eriza la piel al contacto de tus labios
Y mi entraña se contrae de manera involuntaria.
Necesito el peso de tu cuerpo, tu embestida
Tú beso húmedo e infinito



Sakkarah

Caminaba...



Caminaba por un universo paralelo que a veces confluía con el nuestro y muchas otras veces no, pero ella actuaba en otro lugar, en otro orden de cosas, las suyas propias y las de sus fantasmagóricas fantasías.


Eva García Sáenz de Urturi

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Virus


Conoces su pensamiento y aprendes el color de su corazón. Su llegada es fogonazo de luz, alegría… Su presencia desborda.

Es la imagen de los sueños, un paraíso desconocido, lenguaje arcano. Hace terciopelo el recuerdo. En definitiva, es un extraño virus que se afinca en el corazón.


Sakkarah

viernes, 12 de enero de 2018

Baños



El origen de este hábito no solo estaba ligado a la religión sino también a la medicina.

Los baños egipcios, se hacían con agua y aceites o ungüentos perfumados, que solo los sacerdotes sabían preparar. Estos aceites sagrados humectaban y protegían la piel sometida a la sequedad y el calor de un clima riguroso. Las clases sociales más adineradas tenían esclavos dedicados exclusivamente a bañar a sus señores.

En Egipto, las jóvenes doncellas esperaban su baño arrodilladas en una estera de juncos, mientras las esclavas vertían sobre sus cabezas, agua perfumada con mirra, azafrán o canela. Otra esclava cubría sus cuerpos con ungüentos y aceites, y luego les acercaba ramilletes de flores.

Pese a las diferencias de clase, ningún egipcio se privaba de su baño diario. Los menos adinerados, humectaban su piel con aceite de ricino, mezclado con menta y orégano.

Los hebreos, al igual que los egipcios desconocían el jabón. Por eso, en su lugar usaban una arcilla jabonosa con alto contenido de potasio. El problema era que esta sustancia irritaba mucho la piel; con lo cual preferían también los aceites y ungüentos La costumbre de ese momento era guardarlos en cajitas de alabastro o marfil, las cuales eran denominadas poéticamente como "La casita del alma".


Fuente: http://www.almargen.com.ar

Camino...



Camino por un bosque, donde se ven demasiados árboles talados, mi vista se posa en todo, y todo lo respeto. Un lago, con sus quietas aguas, aporta más belleza y serenidad al entorno. Hay tigres que lo hacen interesante.

No sé si soy bien recibida en el bosque, no sé si un tigre es capaz de saber que soy sensible a lo que veo, no sé si las piedras, pueden creer que soy capaz de amar las cosas. Yo no pido nada al entorno, solo quiero pasear y sentir.

Las personas pueden proferir palabras falsas, pero nunca si se habla con el corazón. Del corazón salen tantas cosas… La rabia, la ira, la tristeza, la ternura… ¿podrá el tigre entender que sienta diferente a él? Y… ¿las piedras? Los árboles guardan silencio, están acostumbrados a escucharme.

Las señales del camino son importantes, te guían… pero las señales, tienen vida propia y te pueden ignorar, es entonces cuando te sientes perdida en un lugar donde nadie te daría una mano, donde cada cual va a su asunto, nadie puede sentir tu miedo, tu amor o tu debilidad.

El tigre se impacienta, no perteneces a ese terreno por el que él pisa y se pasea, le resultas extraña, y tienes que guardar silencio, para no incomodar. Es tan bello que levantas tu mano para acariciarle, despierta todo tu cariño y tu ternura; pero el tigre ruge.

Las señales no me ayudan, sigo caminando en silencio…

jueves, 11 de enero de 2018

Lección




Lección

Latido acelerado y triste


Cierre del caparazón.

Paris


Autor imagen: Jacques-Louis David.

Paris es presentado en todas las fuentes con las características de un antihéroe. El honor es para él algo secundario, tal y como demuestra una y otra vez en el campo de batalla. Prefiere sobrevivir para gozar de las bondades de la vida a cosechar la gloria en el combate. Aunque tiene momentos de valentía, suele comportarse de forma cobarde, huyendo de toda situación de riesgo y dejando que su diosa protectora, Afrodita, le salve del peligro. Su habilidad con las armas es escasa, y sólo destaca por el uso del arco y las flechas, instrumentos para herir a distancia, considerados como poco honorables en época homérica y posterior. El campo que domina Paris es el amor y la seducción. Todas las fuentes le muestran como un joven hermoso y delicado capaz de seducir a cualquier mujer, siendo éste un don de la diosa Afrodita después del juicio de las tres diosas. Como raptor de Helena, se considera a Paris el principal culpable del estallido de la guerra de Troya.


Fuente: http://portalmitologia.com

Me quedo...

Autor imagen: Ricardo Fernandez Ortega

Escondido en la oquedad blindada de mil amores, estás. Eres sombra inquieta que hace eco en mi interior. Dulce y terrible, grande… Me enamora tu cálido corazón. Mis letras son signos representando lo que siento, jeroglíficos que, hablando de ti, nadie pueda descifrar. Mi anhelo es silencio, mirada, sentimiento profundo y callado que nunca podrá tocar la fibra de tu corazón. Mi barca llega tarde a tu hondo y bravo mar, pero me quedo en tu orilla, entre tempestades y bonanzas, soñando a tu lado, olvidada.
Sakkarah
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