jueves, 31 de mayo de 2012

Había pasado al mañana


Había pasado la mañana trabajando en la biblioteca pública de la calle 113 y bajaba por Broadway un poco aturdido y dsfrutando del sol de esta rara primavera en invierno. Por costumbre, por vicio, me paré delante de uno de los puestos de libros usados. Estaba tan ensimismado que tardé en reaccionar cuando una pareja, visiblemente española, se acercó a mí sonriendo, con esa mezcla de desenvoltura y buena educación que encuentra uno ahora muchas veces en la gente más joven. Me preguntaron si podían hacerse una foto conmigo. El vendedor que me ve tantas veces pararme y al que casi siempre compro algo miraba intrigado.

Ni él ni ella tenían pinta de turistas. En este barrio no suele haberlos. Les pregunté qué hacían, y me contaron la historia habitual: ella hacía un doctorado en Políticas, en Columbia; él estaba en un máster, también en Políticas, gracias a una de esas buenas becas que hay en España. Los dos tienen un aire despierto y jovial. Los dos me dicen que les gusta mucho lo que hacen, que están aprendiendo muchísimo, que tienen pocas esperanzas de encontrar un puesto si vuelven a España.

Me acuerdo de lo que contaba aquí el otro día Daniel Bilbao: el trabajo miserable y tramposo que le ofrecen después de un año en paro. Personas capaces, preparadas y con ganas de trabajar no encuentran nada después de los cincuenta años. Pero la gente joven o no encuentra nada o llega a los treinta con contratos mezquinos, o sin contrato, becarios eternos en empresas que aprovechan la crisis para descargarse de cualquier obligación laboral: empresas con directivos que cobran millones y que extorsionan a trabajadores jóvenes con sueldos de vergüenza y los chantajean con el miedo al despido. Si a los treinta y tantos no se tiene un trabajo estable y a los cincuenta y tantos no hay lugar para uno, ¿cómo se sostiene un país? ¿Durante cuánto tiempo? El único sector en el que no hay despidos es el de la política y sus redes clientelares.

Me acuerdo de esos chicos de Columbia, de Daniel Bilbao, de mi cuñado Eufrasio, que se encuentra en la calle con cincuenta años, cuando leo en El País un artículo que publica hoy mi amigo William Chislett, lleno de cifras y de observaciones sensatas, y precedido por una cita de George Orwell que a los dos nos gusta mucho. Qué porvenir nos espera.

Antonio Muñoz Molina

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domingo, 27 de mayo de 2012

Era imposible


Era imposible conciliar el sueño, si el amor me mantenía alerta. Corrían las palabras sin saber si podían calar la fina gasa que cubría su corazón.

Queriendo salvarme, me atenazaba el miedo de la duda en sus palabras. Sé que nunca el aire me dejará olvidarle.

Corrían las preguntas, sin hallar la esperanza en las respuestas, y hoy desorientada sufro por el transcurrir de las horas en silencio.

No aparece, quisiera contarle tantas cosas… y temo que la duda venga de nuevo al acecho.

Me ha desvalijado de todos los sentidos, dueño de mi palabra y de mi incertidumbre. No ahogues mi ilusión con tu castigo si en tu lucidez me sabes y adivinas.

Se almacena el amor en esta espera, permite que surja la pasión que nos domina.

Sería terrible la soledad que no lleve tu caricia.

Perdóname.

Sakkarah

sábado, 26 de mayo de 2012

Que te den morcilla


¿A quién no le han dicho alguna vez eso de “que te den morcilla”? Pues sepan ustedes que cuando les dicen esto lo que están deseando es su muerte, tal y como vamos a descubrir al ver el origen de este dicho.

Hace mucho tiempo, afortunadamente, el método para acabar con los perros callejeros en las ciudades era terrible y brutal. Se trataba directamente de matarlos, de acabar con ellos sin mayores miramientos. ¿Cómo? Los empleados del ayuntamiento buscaban esos perros vagabundos y les daban de comer morcilla envenenada con estricnina. Sin duda, un método expeditivo, lo que me lleva a otro dicho “muerto el perro, se acabó la rabia”. De ahí viene el dicho "que te den morcilla" y como ya les decía, viene a decir que nos deberían tratar como a aquellos pobres perros.

Más tarde este método, que a mi personalmente me retuerce las tripas, fue sustituido por la captura de los perros callejeros y su reclusión en algún centro, tal y como ocurre actualmente con las perreras municipales. Escribiendo esto me viene a la cabeza la siguiente frase, que no sé muy bien quién pronunció (¿Lord Byron?) que reza: “cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro”. Y con esta son tres las frases o dichos utilizados en esta entrada, no está mal la cosa. Mi perro, perra en este caso, es ese animalito que está durmiendo en la foto que acompaña la entrada. El otro animalito soy yo.

Por cierto, nada tiene que ver el dicho tratado en la entrada con el de “vete a freír morcilla”, usado para despreciar a alguien de un modo más suave, y que bien puede usar como elemento a cocinar la morcilla, los espárragos o incluso unas monas.

Manuel Jesús Prieto Martín

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martes, 22 de mayo de 2012

Pienso...


Pienso en mis problemas, en las cosas que me preocupan, en las nimiedades de las que estoy pendiente; y si hecho una mirada al cielo nocturno pierden toda su importancia, y me veo pequeña, excesivamente pequeña como para querer que se repare en mí. Sin embargo, a pesar de ello, siento que las estrellas tienen mil ojos, y que todos ellos están fijos en mi persona.

El sol, con su luz, encubre una parte de la inmensidad del universo; pero sabe ocultarse para dar tiempo a que lo admiremos. De igual manera sabe realzar el resto durante el día.

Me pregunto que cómo puede ser que haya tanta maldad, tanto odio, tanto egoísmo, en donde habita tanta belleza. Como somos capaces de ser un borrón dentro del más maravilloso de los cuadros.

Sakkarah

lunes, 21 de mayo de 2012

Amado


Amado señor mío no tengas miedo, no te muevas, permanece en silencio, nadie nos verá.

Sigue así, quiero mirarte, yo te he mirado mucho, pero no eras para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate donde estás, tenemos una noche para nosotros, y yo quiero mirarte, nunca te he visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos, y acaríciate, te lo ruego.

No abras los ojos si te es posible, y acaríciate, son tan hermosas tus manos, he soñado con ellas tantas veces, ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, te lo ruego, continúa, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate, amado señor mío, acaricia tu sexo, te lo ruego, despacio.

Es hermosa tu mano en tu sexo, no te detengas, a mí me gusta mirarla y mirarte, amado señor mío, no abras lo ojos, todavía no, no debes tener miedo, estoy cerca de ti, ¿me sientes?, estoy aquí, te puedo rozar, esto es seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel.

Tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, de repente sentirás el calor de mis labios sobre ti, no puedes saber donde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de repente.

Tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las pestañas, sentirás entrar el calor en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea en tu sexo, apoyaré mis labios, allá abajo, y los abriré bajando poco a poco.

Dejaré que tu sexo entreabra mi boca, entrando entre mis labios y empujando mi lengua, mi saliva descenderá por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo.

Hasta que al final te bese en el corazón, porque te deseo, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te deseo, y con el corazón entre mis labios tú serás mío de verdad, con mi boca en el corazón tú serás mío para siempre, si no me crees abre los ojos, amado señor mñio, y mírame, soy yo, quién podrá borrar este instante que sucede, y este cuerpo mío ya sin seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran.

Tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que te deslizas debajo de mí, aferras mis caderas, me levantas, dejas que me deslice sobre tu sexo, despacio,quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote lentamente, tus manos en mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves lentamente pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz.

Mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me alza, tus brazos que no dejan que me marche, los golpes dentro de mí, es violencia dulce, veo tus ojos que buscan en los míos, quieren saber hasta donde hacerme daño, hasta donde quieras, amado señor mío, no hay final, no acabará, ¿lo ves?, nadie podrá borrar este instante que sucede, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos separando las lágrimas de mis pestañas, mi voz dentro de la tuya, tu violencia que me tiene aferrada, no queda ya tiempo para huir ni fuerza para resistirse, tenía que ser este instante, y este instante es, céeme, amado señor mío, este instante existirá, de ahora en adelante, existirá hasta el final.

Alessandro Baricco "Seda"

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viernes, 18 de mayo de 2012

Él


Él no tenía por qué ser el mejor. Era uno más entre millones, superaba a otros y otros le superaban a él.

No podía pretender agradar a todas las mujeres, era modesto en la totalidad de su persona; pero un día, llegaría ella. Y ella solo tendría ojos para mirarle como si fuera único en su especie.

El cruce de dos miradas que el capricho de la vida ha puesto una frente a la otra. Alrededor de ellas, todo se oscurece.

No, el no tiene que competir, eso sería tomar un amor que no le pertenece. Nunca querría un amor forzado.

Sakkarah

miércoles, 16 de mayo de 2012

jueves, 10 de mayo de 2012

A veces


A veces me pregunto si el odio del otro dejará marcas en la piel. Si fuera un tizne negro se podría decir que el que estuviera más manchado era el más valioso, pero no siempre es así, porque hay odios irracionales, y otros fundamentados. Al decir fundamentados quiero decir que puede haber más razones, pero para mí no existe ninguna que justifique ese mal sentimiento.

Hay ángeles que tienen colmillos; pero el que no da lugar a equivocación, es que los tenía ya como parte de los dientes de leche.

La envidia puede generar odio, aunque en algunos casos sólo se queda en obsesión. Lo que menos me gusta de ella, es que impide crear, pues toda palabra o acción lleva de mástil al envidiado.

Sakkarah

miércoles, 9 de mayo de 2012

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Cita


No hay nada más difícil que responder a las preguntas de los necios.

Jackson Brown

martes, 8 de mayo de 2012

Dilema


A veces las letras se pierden y no se encuentra la palabra justa, Otras se agolpan y salen con prisa diciendo lo que el corazón quiere callar.

Puede la mente del otro apoderarse de los silencios llenándolos de palabras que los descifren.

Hay letras que son leña para grandes hogueras, y letras que son ceniza y muerte.

Y hay un dilema que a mí se me presenta: ¿cómo hablar si hay que matar las palabras?


Sakkarah

miércoles, 2 de mayo de 2012

Afortunada


He pensado en lo afortunada que era con lo poquito que tenía, en que si yo no me trato bien ni me quiero nadie lo va a hacer, en que el de arriba aprieta pero no ahoga, en que cada día es diferente, en que siempre habrá alguien a quieren querer y que te quiera, en que la vida es un suspiro y que hay que vivir, sobre todo sentir y procurar buscar la armonía y el amor en todos los detalles y cosas que nos muestra el día.

Lyra

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